NEUROCIENCIA SIN MEMORIA: EL OLVIDO SISTEMÁTICO DEL PASADO EN LA INVESTIGACIÓN (sobre los sueños)
Cada cierto tiempo, la ciencia "descubre" algo sobre los sueños que, en realidad, ya había sido pensado hace más de un siglo.
El último ejemplo: estudios hechos por Valentina Elce, que aseguran que los sueños no son aleatorios, que reflejan la personalidad y que reorganizan la experiencia se presentan como avances decisivos. Y, sin embargo, hay un silencio ensordecedor, quizá un deseo de no atreverse con el pasado: ni una solo mención al neurólogo investigador doctor Sigmund Freud creador del psicoanálisis, la teoría más revolucionaria sobre el comportamiento humano.
Resulta difícil no ver aquí algo más que un simple olvido porque en "La interpretación de los sueños," Freud formuló, sin escáneres ni algoritmos, una tesis que hoy reaparece disfrazada de novedad: el sueño no es un residuo caótico, sino una producción activa, organizada, con lógica propia, con un significado y lenguage subjetivo, propiedad única cada ser humano.
¿De verdad es necesario redescubrir en 2026 lo que ya estaba planteado en 1900? La respuesta parece ser sí, pero con una condición: negando a Freud, al psicoanálisis y su investigación de más de un siglo.
La neurociencia contemporánea ha optado por un camino cómodo con tintes de Alzheimer. Describe mecanismos, correlaciones, patrones. Habla de redes neuronales, consolidación de la memoria, simulación emocional. Todo eso es valioso, pero al mismo tiempo, expulsa sistemáticamente cualquier referencia al sujeto, al conflicto psíquico, al deseo.
Es decir: elimina precisamente aquello que hace del sueño algo más que un fenómeno biotécnico.
No es una cuestión de método, es una cuestión de marco y de rigor cientifico.
Se ha decidido para perjuicio de muchos y de la ciencia, implícitamente, que lo que no es medible no existe, y en ese gesto, Freud se vuelve incómodo, amenazante, porque introduce una dimensión que no se deja reducir a datos: el sentido, la unicidad del sujeto.
Lo paradójico es que, al intentar borrar a Freud, la ciencia termina confirmándolo parcialmente, cuando afirma que el cerebro "remezcla" experiencias, que construye escenas nuevas a partir de recuerdos y emociones, no está tan lejos del "trabajo del sueño" freudiano: condensación, desplazamiento, transformación. La diferencia es que Freud no se detenía en el mecanismo, iba más allá: preguntaba qué significa eso para el sujeto. Hoy, esa pregunta ha desaparecido porque es vivida como molesta. Perturba.
Sin embargo, sin ella, lo que queda es una ciencia brillante en lo técnico, casi mágica, pero sorprendentemente pobre en comprensión.
Sabemos cada vez más sobre cómo sueña el cerebro... y cada vez menos sobre por qué sueña alguien. Tal vez el problema no sea que la neurociencia ignore a Freud. Tal vez el problema es que no puede integrarlo sin cuestionar sus propios límites.
Antonio J. Verdasca-Cardoso
Neuropsicólogo | Investigador del comportamiento Humano | Psicoanalista
Miembro de Gradiva Barcelona
