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De la cantidad a la cualidad. Margarita Solé Pelach

maig 2020
Articles generals

De la cantidad a la cualidad

MARGARITA SOLÉ PÈLACH

                                                 Dichosos aquellos que ondean

                                                           Un pañuelo de despedida

                                                           Son felices en su pena

                                                           Yo sufro sin pena la vida

                                                                                               Fernando Pessoa[1]

Como bien nos dice el poeta en este fado son dichosos aquellos que pueden sentir, incluso cuando el sentimiento es de tristeza. Sabemos que Fernando Pessoa no podía sentir y es conocido como, gracias a su genialidad, pudo intentar vivir a través de diferentes personajes creados por él. Se inventaba nombres, se inventaba vidas. Otros no tienen tanta suerte y en este no poder sentir sufren sin pena la vida.

Todos hemos recibido en nuestras consultas a estas personas. Su forma de presentarse es múltiple: desde la alexitimia, pasando por la vivencia insoportable de vacío (que incluso les lleva a autolesionarse para sentir o al suicidio por desesperanza), hasta la angustia innombrable que desborda y no tiene palabras para expresarse. Me estoy refiriendo a una angustia muy diferente de la angustia neurótica. Pienso en un caos psíquico al que, para nombrarlo, también le llamamos angustia. Estamos en el dominio de la cantidad que puede descargarse en actos o en somatizaciones.

Este trabajo parte de las preguntas que esta clínica nos formula: ¿por qué no pueden sentir?, ¿por qué su psiquismo se encuentra gobernado por la cantidad de tal manera que no pueden matizar con cualidades para sentirse vivos, para hacer de la vida algo soportable y que valga la pena ser vivida? Y sobre todo parte de la necesidad de replantearme el encuadre y de introducir variaciones técnicas para hacer posible tener frente a mí, poco a poco, a un analizante, a una persona no desbordada por la cantidad, que pueda hablar y mediante la palabra no vacía, ir creando la noción de si misma.

No es un trabajo acabado, es un campo de investigación. Quisiera compartir e intercambiar mis reflexiones con ustedes para seguir pensando.

Ya desde Freud sabemos que en un primer momento nuestro psiquismo está gobernado por la cantidad. Nos habla de ello en el Proyecto de psicología (1950 [1895]), en el arco reflejo, en su concepción del ello…Entonces, ¿por qué en un momento dado se desarrolla la capacidad de convertir la cantidad en cualidad? y ¿por qué no se desarrolla en otros casos?

Conocemos que este paso de la cantidad a la cualidad es esencial para que pueda desarrollarse la capacidad de representación; para  que pueda instaurarse el principio de placer-displacer y, posteriormente el principio de realidad; para que podamos tener noción de tiempo. Principio de placer, principio de realidad, existencia de representaciones, temporalidad, son elementos necesarios para poder analizar.

En el Proyecto de psicología (1950 [1895]), Freud, de manera magistral, nos enseña como se va formando el yo en los primeros tiempos de la vida. Realmente es sorprendente que esta obra haya sido escrita en sus primeros años como investigador y que luego fuera olvidada en un cajón.

Hagamos un breve recordatorio. El aparato psíquico está gobernado por el principio de inercia: la descarga de la cantidad para volver al cero. Poco a poco se irá formando una red neuronal[2] con múltiples ramificaciones, gracias a la cual, podremos contener mayor cantidad. La red neuronal está formada por dos clases de neuronas: las pasaderas, siempre facilitadas, que no retienen cantidad y que sirven a la percepción, es el  sistema fi; y las impasaderas, que retienen cierta cantidad y oponen resistencia, son las que sirven a la memoria, es el sistema psi.

La cualidad necesita otro tipo de neuronas, las llamadas omega. Nos cuenta Freud que para que la cantidad pueda transformarse en una sensación cualitativa ha de disminuirse hasta poder activar la neurona omega. Una cantidad elevada no puede producir cualidad, ya que las neuronas omega solo pueden funcionar con cantidades muy pequeñas.

Como empezamos a ver para que el psiquismo goce de cualidad es necesario que se haya formado una red importante de neuronas, pues la cantidad se disminuye al ir pasando por la red psi. Ahora bien, como veremos más adelante, para que se forme una red neuronal es necesario que la cantidad no desborde. ¿Cómo se resuelve esta paradoja? Adelantándonos podemos decir que será necesario un tercer elemento, el objeto, la madre, primera gran barrera antiestímulo prestada al bebé.

¿Cómo se forma la red neuronal? Recordemos a Freud cuando nos habla de la primera vivencia de satisfacción y de la importancia de ésta para que se vayan formando las sinapsis y las desviaciones que harán posible un entramado. Este entramado no es nada más ni nada menos que el yo. Recordemos el hermoso pasaje donde nos explica como en la primera mamada se van formando las representaciones del pecho, del pezón, del tacto, del olor. Y como en las sucesivas mamadas pequeñas variaciones van conectándose entre si.

La satisfacción alucinatoria es ya un retorno sobre si mismo que intenta ligar la cantidad. En lugar de la descarga inmediata se buscan representaciones cosas para formar protopensamientos que empezaran a complejizar el arco reflejo. La alucinación posterga la descarga motriz y, utilizando las neuronas ya investidas por la vivencia de satisfacción (las psi, las de memoria), disminuye la cantidad haciendo posible la espera. Aparece el chupeteo del dedo, aparece el autoerotismo, asociado no solo al placer, sino sumándose una acción autocalmante.

Ahora bien, como ya hemos dicho antes, el bebé necesita de la madre para investir la experiencia. Si la espera es demasiado larga, el hambre aumenta provocando dolor. La aparición del dolor demasiado agudo o excesivamente prolongado arrasa al psiquismo por su inmoderada cantidad[3]

Freud nos dice: “…el dolor deja como secuela en psi unas facilitaciones duraderas, como traspasadas por el rayo; unas facilitaciones que posiblemente cancelan por completo las resistencias de las barreras-contacto y establecen ahí un camino de conducción como el existente en  fi” (1950 [1895]).

Otro autor, Christian Delourmel ahonda en el tema: “El dolor y el traumatismo psíquico consistirían en una brutal descalificación y desorganización del afecto que explota en sensaciones que se difunden en todo el campo representacional y sideran el funcionamiento mental” (2007).

Freud nos enseña en el Proyecto que el dolor es una cantidad que facilita una única vía imposibilitando la formación de otras; de esta manera, al no permitir la disminución progresiva de cantidad y su transformación en cualidad, da como única salida la descarga.

Introduzcamos la pulsión de muerte. Sabemos que es una descarga hacia el cero, hacia lo inerme, que es  muda y sin cualidad ¿Podríamos aventurar que el hecho de que la pulsión de muerte quede libre, sin ligarse a la pulsión de vida, tenga una estrecha relación con el dolor? Dicho de otra manera, con una cantidad que, al no ser disminuida, devasta el psiquismo y el mundo de representaciones y tiene como consecuencia un aparato psíquico mucho más frágil a las cantidades posteriores. Poca red y el camino directo de la descarga sumamente facilitado ¿no son la autopista de la pulsión de muerte?

Winnicott nos dio buenas herramientas para llenar de contenido, para cualificar, lo que Freud en el Proyecto inició en forma abstracta y metapsicológica. Desde él no ignoramos el importante papel del objeto en estos incipientes tiempos de la vida. El bebé necesita a la madre, o a su representante, para investir esta primera experiencia. Sin ella la alucinación fracasa. Si no se ausenta la alucinación no se produce, pero si tarda demasiado, la alucinación se vuelve dolorosa y naufraga. El dolor invade y tan solo puede producirse descarga. Si tarda más, la descarga se agota en un circuito de dolor continuo que marca una facilitación mortífera e inoperante para las representaciones cosa. Incluso el dedo se vuelve mentiroso e inservible. El autoerotismo ya no es válido en su función autocalmante y mantenedora de la omnipotencia del narcisismo primario.

Javier me comenta como en sus primeros meses de vida no paraba de llorar, día y noche. Sólo se calmaba cuando le tomaban en brazos.

Aurora me relata un recuerdo encubridor: su niñera le traía los chupetes en una bandeja para que ella escogiera. Un día la mujer harta de este juego le puso tabasco en los chupetes. Desde entonces Aurora dice no haberlos vuelto a desear.

En este tipo de analizantes nos encontramos con un yo fallido que presenta déficit desde su formación. Este yo cuenta con pocas herramientas a la hora de realizar su trabajo como mediador entre el ello, el superyó y la realidad. Está desbordado por la cantidad y con poca capacidad de cualificar. Al introducir la segunda tópica Freud diferencia el ello del inconciente. El ello es el reservorio primario de la energía psíquica, de las pulsiones, y se rige por el principio del placer. La pulsión buscará descargarse y será su ligazón la que permitirá postergar esta descarga para que la formación del psiquismo tenga lugar. Como nos dice Green: “La moción pulsional podrá conocer diversas salidas: la descarga por el cuerpo o por medio del acto, la precipitación en lo alucinatorio o, de manera más diferenciada, la representación de cosa acompañada de afecto” (2000). En estos casos nos encontramos ante la única posibilidad de tomar las vías de descarga en el soma o en la acción. Como vemos estamos en el territorio de la pulsión de muerte, estamos más allá del principio del placer.

Green (1986) nos enseña el gran poder desobjetalizante y destructor de la pulsión de muerte y como la única manera de pararla es ligándola con Eros, con la pulsión de vida.

Por todo lo dicho creo que estos analizantes requieren cambios en la técnica. Para Green: “Cualesquiera que sean las modalidades que obligan a modificar el encuadre analítico, lo esencial de la acción analítica se dirige a la representación de los procesos psíquicos, tanto intrasubjetivos como intersubjetivos. [….]. Sugeriría incluso que las modificaciones del encuadre no tienen más función que la facilitación de la función de representación” (1972). Podríamos decir que ante estos analizantes nos encontramos con la necesidad de desplegar un encuadre apropiado para ayudarles a poder contener la cantidad. Sólo así, poco a poco, podrán realizarse las ligaduras con las representaciones necesarias para cualificar. Solo ayudando a disminuir la cantidad podrá fortalecerse el yo, que, como nos dice Green, “es aquello por lo cual pueden haber representaciones” (1983); pero sobre todo un encuadre que no incremente la cantidad, que no traumatice un psiquismo que es, en este momento, extremadamente frágil. Nos encontramos casi ante el desvalimiento psíquico de un bebé. Y es aquí donde Winnicott puede ayudarnos mucho. Él nos ha hablado de la importancia de la presencia, de la continuidad y del ritmo.

Creo que para estos pacientes nuestra presencia ha de ser, como nos lo señalan de diferentes maneras Winnicott y Green, viva. Han de sentirnos vivos.  Para ellos esta impresión no viene dada de antemano. No pueden sentirnos vivos si nos situamos en el silencio y en la escucha inexpresiva. Ambos tan necesarios y tan posibilitadores para el análisis, pueden ser, cuando aún se está en el dominio de la cantidad, mortíferos. Para ellos nuestro silencio no es neutralidad.

Recuerdo a Eloisa cuando, en una sesión cara a cara en la que yo estaba algo cansada y le escuchaba sin expresión, se quedó muda. Al preguntarle, tanto de palabra como con el gesto, me contestó: “Creía que se había muerto”. “¿Muerto?”, le dije. “Si”, contestó, “que había desaparecido, que ya no existía”. Por suerte ella pudo gritar a través de su mudez. Si no hubiera sido así yo hubiera estado muerta para ella sin saberlo y la consecuencia hubiera podido ser la instalación de la destructividad silenciosa, desobjetalizante, de la pulsión de muerte.

Otra de mis preocupaciones han sido los periodos de vacaciones. La mayoría de nuestros analizantes pueden vivenciar nuestra ausencia y cualificarla. Incluso, si el momento transferencial lo permite, expresar en voz alta sus sentimientos y permitirnos acompañarlos con nuestras interpretaciones. Pero éste no es el caso de estos analizantes. En mi experiencia ante las vacaciones se puede producir un derrumbe. En el mejor de los casos lo pueden gritar con intentos de suicidio o de finalizar el análisis. En el peor se sufre sin pena, como nos dice el poeta, y no vuelven o se producen somatizaciones.

Si tenemos en cuenta todo lo dicho anteriormente podemos acercarnos a la tragedia sin drama que puede significar para ellos la interrupción del ritmo de las sesiones por vacaciones. Al encontramos en el dominio de la cantidad:

-no se forman representaciones. Esto significa que no estaremos ausentes, sino inexistentes.

-no existe el tiempo. Por lo cual tampoco podrán esperarnos.

-el autoerotismo autocalmante, que crea la capacidad de espera, ha fracasado en su inicio y no sirve.

Pero entonces ¿cómo conciliar nuestro deseo y necesidad de lícito descanso y la necesidad de nuestra presencia para ellos? A mí, a veces, me ha sido útil el teléfono móvil. Su uso me permitió tener movilidad y privacidad. Me permitió poder estar y no estar a la vez.

Javier se encontraba siempre desbordado por la “angustia” y en continuo refugio en fantasías diurnas, muy vívidas, de peligros y guerras, llenas de actos violentos y muerte. Tras las primera separación, corta, volvió apático y con deseos de interrumpir. No le quedaban esperanzas y todo le parecía inútil. A nada le encontraba sentido. Le pedí que nos diera un poco más de tiempo para pensar y accedió con sumisión. Mis señalizaciones acerca del período de separación eran estériles. Al poco teníamos las vacaciones de verano, era una larga separación. Alertada por su primera reacción le propuse mantenernos en contacto telefónico. Javier escogió sus días de sesión para ello. Lo pautamos: llamadas cortas. En el reinicio trajo su primer sueño escrito en una libreta, fue un sueño lleno de persecuciones, peligro de muerte y derrumbes. Curiosamente no fue muy diferente a sus fantasías diurnas, sin embargo esta vez fue un sueño.

Aurora se intentó suicidar varias veces cercano el primer período de vacaciones. Mi preocupación era cómo hacer posible un mes de separación sin que para ella se convirtiera en una desaparición. Sus asociaciones eran sobre personas queridas que se morían o se mataban al no cuidarse. Las interpretaciones no servían, aquello que se trabajaba en una sesión desaparecía en la siguiente. Establecimos un ritmo de llamadas. Pactamos días y horas antes de la separación: llamadas cortas, no sesiones telefónicas. El uso del teléfono móvil nos permitió instaurar un ritmo, el soportable para Aurora. Nos permitió crear una ausencia que hizo posible la espera y la construcción de la confianza. Yo no estaba, pero no estaba muerta ni ella muerta para mi; esto significaba que podríamos volver a encontrarnos. Fue en el reinicio donde Aurora empezó a convertir el espacio de las sesiones en su espacio.

A partir de allí el camino fue largo, como todo camino de análisis. Creo que las variaciones técnicas que se introdujeron en estas primeras separaciones tan solo hicieron posible que el camino no quedara bruscamente roto casi antes del inicio. De esta manera existió para que ellos lo pudieran andar. Hace poco, cercana la despedida del final de su análisis, Aurora me pudo expresar su tristeza y su confianza de que en un futuro, si me necesitaba, sabía que yo podría estar aquí.

BIBLIOGRAFÍA

DELOURMEL, C. (2007) El afecto, ¿una función de representancia? Conferencia realizada en Gradiva Associació d’Estudis Psicoanalítics el 21 de abril de 2007.

FREUD, S. (1900-1901) La interpretación de los sueños (segunda parte). O.C. vol V. Buenos Aires: Amorrortu editores, 1989.

FREUD, S. (1911) Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico O.C. vol XII. Buenos Aires: Amorrortu editores, 1989.

FREUD, S. (1920) Más allá del principio de placer. O.C. vol XVIII. Buenos Aires: Amorrortu editores, 1989.

FREUD, S. (1923) El yo y el ello. O.C. vol XIX. Buenos Aires: Amorrortu editores, 1989.

FREUD, S. (1950 [1895]) Proyecto de psicología. O. C. vol I. Buenos Aires: Amorrortu editores, 1989.

GREEN, A. (1972) De locuras privadas. Buenos Aires: Amorrortu editores, 2001.

GREEN, A. (1983) Narcisismo de vida, narcisismo de muerte. Buenos Aires: Amorrortu editores, 1993.

GREEN, A.  (2000) El tiempo fragmentado. Buenos Aires: Amorrortu editores, 2001.

GREEN, A. Y VV. AA. (1986) La pulsión de muerte. Pulsión de muerte, narcisismo negativo, función desobjetalizante. Buenos Aires: Amorrortu editores, 1989.

WINNICOTT, D.W. (1958) Escritos de pediatría y psicoanálisis Barcelona: Paidós editorial, 1999.

WINNICOTT, D.W. (1965) El proceso de maduración en el niño. Estudios para una teoría del mundo emocional. Barcelona: Editorial Laia, 1979.


[1] Pertenece al fado Órfào de um Sonho Suspeso que podemos encontrar en el CD de Mísia Tanto menos tanto mais 

[2] Al hablar de red neuronal nos referimos a la red formada por las conexiones de unas neuronas con otras.

[3]Así mismo si la madre es demasiado eficaz el psiquismo del niño corre el peligro de no tener la necesidad de desarrollarse.